Historia del Teatro en América Latina




















El teatro en América Latina se remonta a la época pre-colombina, aunque no se trataba de un teatro de las características del actual. Se asemejaba más a las formas asumidas por las representaciones de las festividades religiosas, diálogos entre varios personajes, algunos de origen divino y otros representantes del lado humano. Existe, inclusive, un texto dramático maya, el Rabinal Achí, que es el ejemplo más próximo al teatro tal y como se entiende en la actualidad, y que narra el combate de dos guerreros que se enfrentan la muerte en una batalla cerimonial.

Después del descubrimiento, los esfuerzos de evangelización de los misioneros españoles se apoyaron en el teatro, que se convirtió en el instrumento indispensable para enseñar los indígenas, debido al analfabetismo generalizado de la población. Así pues, desde la época colonial, la influencia hispánica impuso un esquema dramático medieval y barroco al teatro desarrollado en América.

En líneas generales la producción latino-americana hasta la independencia estuvo influenciada, en gran medida, por el teatro español y portugués como ejemplifica el caso Argentino, Brasileño, Colombiano, Peruano o Mexicano. A partir del final del siglo XVIII y durante la mayoría del siglo XIX, esa influencia se vio añadida especialmente por autores como Leandro Fernández de Moratín, José Zorrilla y José Echegaray, cuyas producción, junto con a de Jacinto Benavente o Alejandro Casona, definió un modelo de teatro de raíces clásicas en su concepción.

El siglo XX, con la llegada del realismo y las vanguardias europeas, el teatro latino-americano comenzó a ocuparse de su propia realidad y a buscar sus propias técnicas de expresión, aunque determinados autores extranjeros, como los españoles Federico García Lorca y Rafael Alberti, influyeron determinantemente.

También la influencia de las teorías de Bertold Brecht encontró un campo propicio en América Latina, surgiendo de esa manera teóricos y dramaturgos importantes como el colombiano Enrique Buenaventura quien lideró el TEC (Teatro Experimental de Cali), o Augusto Boal, en Brasil, quien impulsó técnicas de teatro callejero y para obreros en su libro Teatro del oprimido (1975). Grupos como 'Rajatabla' y ' Candelaria' se dedicaron a convertir al teatro en un instrumento de discusión de la realidad social sin olvidar el lado lúdico y de entretenimiento. En los diversos países surgieron figuras muy importantes. En Chile sobresalió la figura de Pedro de la Barra y su teatro experimental que renovó el espectáculo dramático chileno.

En Uruguay se destacó, durante las décadas de 1970 y 1980, la actividad del Galpón, grupo que se caracterizaba por el cuidadoso trabajo de dirección y la preparación de actores. Cuba tuvo su propio y peculiar desarrollo teatral debido al triunfo de la revolución en 1959. Así, en 1968, nació el grupo de Teatro *Escambray, que basaba su trabajo en técnicas brechtianas y cuya meta era conseguir espectáculos de creación colectiva con gran carga ideológica.

Todas estas corrientes, actores autores y creadores fueron el manantial donde bebieron los nuevos creadores del teatro actual. Entre ekes destaca Antunes Filho, teatrólogo brasileño, considerado por la revista Istoé (con la ayuda de 330 colaboradores), como la personalidad más importante de los artes escénicos en Brasil, durante el siglo pasado. Entre sus principales obras Macunaíma (1978), una adaptaçao de la novela de Mário de Andrade y cuyo título daría nombre a su grupo teatral; como ella alcanzaría reconocimiento internacional. Además de eso, Nueva vieja história o de más reciente versao de la tragedia Antígona, hicieron de Antunes Filho uno de los creadores teatrales más importante del mundo.